Sigo escribiendo sobre el embarazo, es un proceso de nueve meses o cuarenta semanas que en una sola entrada no se puede resumir, por eso si os interesa podéis ir a la parte (I).
El embarazo es una etapa muy bonita, pero no todo es tan idílico como lo quieren hacer ver, en el camino de rosas hay espinas, que no por ello dejan de ser tan bonitas. Saber que dentro de ti está creciendo una vida es algo especial, algo que no se puede describir, hay que vivirlo... Y el proceso de que crezca conlleva unas cosas que a veces no son fáciles de llevar, en mi caso los síntomas del primer trimestre duraron todo el embarazo.
Al poco de contárselo a la familia empecé a notar los primeros síntomas, un cansancio terrible, yo que nunca había sido de siestas, necesitaba descansar, no podía con mi alma. Tenía la energía por los suelos, y fue difícil asumir que no podía seguir siendo la persona tan activa que era, tenía que empezar a relajarme y tomarme estos meses de otro modo. A eso al de poco se sumaron los vómitos. Fue curioso, me desperté, fui a desayunar como cada mañana y el olor de café que tanto me gustaba me produjo náuseas, y a partir de ahí, el vomitar era mi día a día. Cada cosa que ingería iba por la taza del baño (y eso si tenía la suerte de llegar). Fue muy duro. Además yo que cuidaba muy mucho mi alimentación, era incapaz de probar nada de lo que comía habitualmente y eso generó en mi otro choque que tuve que asumir: tendría que comer cosas que sabía no eran saludables, pero mi cuerpo no admitía otra cosa.
A pesar de vomitar, subí de peso muy rápidamente y mucho, en total del embarazo gané más de 20 kg, cosa que me hacía sentirme no muy bien con mi aspecto, aunque siempre lo intentaba llevar lo mejor posible, era muy feliz y estaba muy ilusionada por llevar dentro a mi bebé, ya mejoraría después, en la medida de lo posible, el físico.
Para los vómitos tomaba unas pastillas que me recomendó la ginecóloga, la máxima dosis, es decir 3 veces al día, y aún así, seguía teniendo náuseas, ascos y vomitaba, menos, pero vomitaba. Las pastillas eran carísimas además, al mes nos gastábamos 80€ en ellas... Alguna alternativa más natural había, pero me daba ya miedo probar y desestabilizar lo poco que se había estabilizado. Me parecía imposible que una vez diera a luz se fueran las náuseas y pudiera comer y oler de todo. Porque lo de los olores, que duro también. Por la calle cualquier olor que me fuera familiar me daba asco, y empezaba a vomitar... Incluso la pasta de dientes que usábamos en casa, el olor de mi pareja, no poder darle besos... ¡Qué duro!
Pero aunque pueda parecer que tenía que estar llevándolo fatal, la verdad es que no, era algo que me hacía y me hace tan feliz, tanta ilusión, ¡ser madre!
Eso sí, no sé por qué nadie cuenta cómo se siente de verdad, no lo entiendo, a mí hasta me sabía mal decir que lo llevaba mal, que estaba siendo difícil aunque bonito, porque parecía que era la única en el mundo que lo estaba pasando así, siempre a contracorriente.
Asique os recomiendo que si no estáis llevándolo bien, lo digáis, compartáis como os sentís, no tiene sentido aparentar lo que no es, describir como no estamos, no por nadie, sino por una o uno mismo.
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